Dimensión profética de la acción pastoral

La XCVI Asamblea Plenaria del Episcopado, reunida en Bogotá del tres al siete de febrero, analizó la dimensión profética (kerigma) de la acción pastoral.

En el segundo día de Asamblea, el Arzobispo de Cali, Monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía, fue el encargado de presentar algunos planteamientos y retos en torno a la dimensión profética.

Ponencia:

Mons. Monsalve Mejía recordó que los contextos en los que se vive y anuncia la Palabra de Dios, tienden cada vez más a sustituir el encuentro, la comunicación, el diálogo, la reflexión y la formación de la conciencia, “por sucedáneos de experiencias sensibles, de facilismo e inmediatez, de lucro ilimitado y pasiones exacerbadas”.

Esta crisis creciente de palabra humana, de silencio para escuchar al otro y pronunciar la propia palabra, de gusto por la razón y amor por la verdad, de oídos tapados y ruido frenético, la sentimos más duramente aun cuando la violencia, como en nuestro caso, se convierte en la denegación de la palabra, en el recurso más a la mano para dirimir desde una sospecha o duda hasta un conflicto de intereses”, aseguró.

El prelado explicó que la fe “pone a los creyentes, y esto es clave en la Nueva Evangelización, en condición de comunicarse la experiencia vivida de Dios, a través del diálogo en la fe entre hermanos creyentes y con los alejados, los no creyentes, los que pertenecen a otros credos, los grupos humanos entre los que ellos viven o a los que son enviados”.

Expresó su preocupación de pastor porque en estos tiempos “perdemos terreno cuando la comunicación del Evangelio se vuelve propuesta en medio de un mar de contrapropuestas, o cuando las voces de escarnio por nuestra vulnerabilidad humana nos pueden inducir al miedo y al encierro, al silencio y a evitar la exposición”.

Invitó a retomar la iniciativa del diálogo, el movimiento hacia los demás, la capacidad de autocrítica y reconciliación, la apertura a la corrección fraterna, la capacidad ecuménica de construir juntos identidad religiosa y cristiana en el mundo. “Es un gran desafío, especialmente en esta hora de la historia de la Iglesia y de nuestra patria”, afirmó.

Recalcó que como función profética de la Iglesia, el servicio de la Palabra, entendido fundamentalmente como Anuncio del Evangelio, es tarea de todo el Pueblo de Dios, llamados a ser discípulos misioneros y a vivir la comunión evangelizadora, desde la diversidad de carismas y servicios.

En su ponencia también se refirió a cuatro formas fundamentales del ministerio profético de la Iglesia: el Kerigma (proclamación vigorosa de la persona de Jesucristo, muerto y resucitado, raíz de toda evangelización). La Catequesis: “hace eco” al Kerigma y cultiva la fe, apuntando a la progresiva asimilación y profundización del mensaje evangélico. La Homilía y la Teología, que tiene gran importancia para pensar cómo hacer llegar la propuesta del Evangelio a la diversidad de contextos culturales y de destinatarios.