Nuevos gobiernos: nuevas oportunidades

Hemos iniciado el nuevo año de labores. Educadores, estudiantes, trabajadores, agentes pastorales, párrocos y pastores, salimos del receso de fin y comienzo de año, y reactivamos nuestras actividades y planes.

 

No pocos son “caras nuevas” en los puestos de servicio a las comunidades. Comenzando por los servidores elegidos por el voto popular político: nuestra gobernadora del departamento, nuestros alcaldes y alcaldesas, nuestra Asamblea y Concejos, amén de los entes edilicios.

 

Es la ocasión para agradecer a quienes han ejercido con honradez y entrega sus responsabilidades en el anterior cuatrienio. Igualmente, para saludar a quienes llegan con la esperanza de trabajar más unidos, de corregir y mejorar las gestiones, de avanzar y consolidar más las instituciones, de promover la participación de las comunidades y las respuestas honestas y reales a sus necesidades más apremiantes.

 

Particularmente, desde esta tribuna mensual de la Arquidiócesis de Cali y Provincia Eclesiástica del Valle, saludamos a la Doctora Clara Luz Roldan Gonzáles, gobernadora, a su equipo de gobierno y a los diputados de la Asamblea departamental. Los Obispos y la Iglesia católica en las cinco diócesis del Departamento, queremos mantener la cercanía espiritual y el acompañamiento pastoral, que nos permitan establecer alianzas de servicio e impulso a nuestro único pueblo en ciudades y campos.

 

El Valle del Cauca requiere unidad y compromiso que superen visiones partidistas y localismos egoistas; que faciliten la integración regional y departamental, y la conjunción de políticas para atender los desafíos sociales de excluidos y migrantes.

 

Es urgente sacarle gente, especialmente adolescentes y jóvenes, a la violencia y a las actividades ilegales. Pero, sobre todo, sacar la violencia de nuestras mentes y conductas, de las familias y escuelas, de las calles y campos, de las cárceles y actividades extractivas y agrícolas.

 

Hechos tan dolorosos de asesinatos y masacres que ponen a nuestras ciudades como Cali, Palmira, Tuluá, Buenaventura, Jamundí, entre las más peligrosas del mundo, tenemos que enfrentarlos entre todos. La corrupción y el narcotráfico no pueden seguir envenenando la pujanza empresarial y las inmensas posibilidades estratégicas de esta hermosa y privilegiada tierra valluna, con océano, costas, cordilleras y riquezas hídricas excepcionales.

 

Las raíces de fe y tradición cristiana, la fuerza de la vida familiar, la laboriosidad y capacidad expansiva de los emprendedores y fuerzas productivas, el inmenso aporte de la pluralidad étnica y de nativos y migrantes nacionales e internacionales, son activos para esta integración ascendente, constructiva, intercultural y transmisora de saberes ancestrales. Un activo y talento que hoy requieren asimilar el saber y las tecnologías de la “cuarta revolución industrial”, de las “ciudades inteligentes” y de la virtualidad y el automatismo como sus herramientas.

 

A los Alcaldes de Cali, Doctor Jorge Iván Ospina, de Jamundí, Dr. Andrés Felipe Restrepo, de Yumbo, Dr. Jhon Jairo Santamaría, de Dagua, Dra. Ana María Sanclemente, y de La Cumbre, Dr. Wilmar Carvajal, les reiteramos nuestro aprecio y voluntad de apoyo a sus comunidades y a la gestión que contribuya a la reconciliación y a la paz social, a la refundación de la familia y la reinvención de oportunidades que dignifiquen a todos.

 

La ciudad de Cali, Distrito y Ciudad Región, exige de todos una nueva conciencia de lo urbano, de lo colectivo, desde la mente y el corazón de cada persona, desde cada grupo familiar e institucional.

 

Seguramente el nuevo gobierno del médico Jorge Iván Ospina Gómez va a liderar tareas de desarme, de “cuidado de la casa común”, de movilidad y espacio público, de atención a migrantes y habitantes de la calle, de prevención, rehabilitación y educación, entre muchas otras.

 

La Arquidiócesis seguirá aportando a una espiritualidad personal, familiar y ciudadana, que se traduzca en buena y mejor conducta social, en sentido comunitario, cívico, solidario y de voluntariado. Seguiremos aportando en construcción de paz territorial y barrial, en respuesta a los hambreados, encarcelados, enfermos, excluidos, migrantes y víctimas. Seguiremos apuntalando la educación en todos sus procesos y en la capacitación para el trabajo.

 

Anhelamos seguir contando con el soporte invaluable de La Comunidad Internacional y de las Agencias Católicas. Quisiéramos también que el empresariado de Cali y Valle replantee su responsabilidad social en términos de reconciliación y paz, ayudando a fortalecer el tejido social y la producción de bienestar socio ambiental.

 

Delante de todos va la luz de Cristo, iluminando y pastoreando nuestras vidas, nuestra historia de pueblos y ciudades.

 

Les recomiendo a todos dos textos bíblicos que iluminen todas nuestras labores: Salmo 126(127): “Abandono en La Providencia”. Y Romanos 12: las virtudes espirituales y sociales para la paz. A quienes los lean y compartan les llegarán cumplidas bendiciones del Señor Jesús.

 

Aunque estemos ya en febrero, les deseo a todos, hermanos y hermanas, un Año 2020 muy laborioso y satisfactorio. Los bendigo en el Señor.

 

Por: +Darío de Jesús Monsalve Mejía

Arzobispo de Cali