Llamados a una conversión integral

 

Estamos en el MES MISIONERO EXTRAORDINARIO, que nuestra Arquidiócesis de Cali realiza durante cinco semanas, desde el 20 de octubre hasta el 24 de noviembre.

 

“El encuentro con Jesús que cambia la vida”, “la conversión camino de paz”, “el camino del discípulo”, “la Iglesia comunidad de comunidades”, “la misión tarea de todos”, son los temas prioritarios para esta oportunidad extraordinaria, señalada por el Papa Francisco.

 

Es una “última llamada para abordar el vuelo”, y embarcarnos, como entera feligresía parroquial, en la MISIÓN PERMANENTE, abierta en Aparecida y asumida con nuestro Plan Quinquenal de Pastoral.

 

Desde adentro de una renovada consciencia de nosotros mismos, formada por la persona de Jesús y su propuesta del Reino de Dios, nuestra vida va transformándose de manera integral.

 

Dios se hace “trasparente” en toda la persona, en todas las personas, en la creación y la historia. Su “encarnación” en el hombre Jesús de Nazaret, rescata para Dios lo humano y lo mundano que se integra en él. “El mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro…, todo es de ustedes. Y ustedes son de Cristo. Y Cristo es de Dios” (1aCorintios 3,22-23).

 

Esta integridad de lo humano lleva la salvación de Dios a lo geográfico y territorial, en lo que se entiende también la vida, la población humana, las culturas, las sociedades, los estados y naciones. No es solamente lo histórico, como si la tierra, la biosfera y la cultura, fuesen un mero y pasivo escenario, aparte del Evangelio.

 

La teología de la Iglesia local o particular, dice Víctor Codina, uno de los expertos convocados al Sínodo de la Amazonia, “nos redescubre la dimensión geográfica de la salvación, entendiendo por geografía, no solo el territorio y la relación con la naturaleza, sino las lenguas, las culturas, las tradiciones religiosas y espirituales, las dimensiones relacionadas con la corporalidad, la belleza, la fiesta, la convivencia con los antepasados y la apertura a las nuevas generaciones”(Artículo sobre “La Iglesia Amazónica”, octubre 21 de 2019).

 

En este contexto, brevemente esbozado, estamos recibiendo el Documento final del Sínodo de los Obispos para la Región Amazónica que acaba de concluirse. “Y dijo el que está sentado en el trono: mira, hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21,5)…. “Y me mostró luego un rio de agua de vida, resplandeciente como cristal que sale del trono de Dios y del Cordero (Apocalipsis 22,1).

 

En su Introducción, el documento final nos hace el llamado A UNA CONVERSIÓN INTEGRAL:

“La escucha del clamor de la tierra y el grito de los pobres y de los pueblos de la Amazonia con los que caminamos, nos llama a una verdadera conversión integral, con una vida simple y sobria, todo ello alimentado por una espiritualidad mística al estilo de San Francisco de Asís, ejemplo de conversión integral vivida con alegría y gozo cristiano”.

 

“Una lectura orante de la Palabra de Dios nos ayudará a profundizar y descubrir los gemidos del Espíritu, y nos animará en el compromiso por EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN”. “Como Iglesia de discípulos misioneros suplicamos la gracia de ESA CONVERSIÓN QUE IMPLICA DEJAR BROTAR TODAS LAS CONSECUENCIAS DEL ENCUENTRO CON JESUCRISTO en las relaciones con el mundo que nos rodea (Laudato Si, 217). Creación, redención y familia humana universal, son grandes trazos del actuar de Dios uno y trino.

 

Recibimos con acción de gracias y docilidad eclesial la iluminación del Sínodo de la Amazonia y del magisterio del Papa Francisco que nos llegará en los meses siguientes, como Exhortación Apostólica post Sinodal.

 

Nuestro Plan de Pastoral integrará este cuidado de la casa común y esta territorialidad que integra la vida, la tierra y las culturas en nuestras comunidades eclesiales.

 

Como lo pide el Sínodo, nuestra conversión integral, que comienza con la escucha, tanto de la Palabra de Dios como del clamor de la tierra y el grito de los pobres y de los pueblos, será también entonces conversión pastoral, cultural, ecológica y sinodal, como lo propone el Documento Final.

 

La sinodalidad y los nuevos caminos para la ministerialidad eclesial, que incluyen más a la vida consagrada, a los laicos dentro de la comunidad, la presencia y hora de la mujer, a hombres casados, especialmente al Diaconado permanente, serán luz y levadura para la renovación del ministerio eclesial, la superación del clericalismo y un mejor servicio de la Iglesia, de modo que nadie se vea privado de los bienes de la salvación, porque esta es la ley suprema que la rige ( canon final del CIC).

 

+Darío de Jesús Monsalve Mejía

Arzobispo de Cali