“La fe sin obras está muerta”

Octubre 2019 es un mes que pone a prueba la autenticidad de la fe cristiana. Tanto el Sínodo de la Amazonia, que urge nuestra responsabilidad con la creación y la vida, como el mes misionero extraordinario, que mueve a todos los católicos a responder ante el mundo como “bautizados y enviados”, para hablar de dos iniciativas del Papa Francisco, deberían movilizar a todas nuestras comunidades eclesiales.

¿Tenemos obras y actuaciones que van en contra del medio ambiente y alejan a otros del encuentro con Cristo y de su ingreso al Reino de Dios? Es fácil llamarnos “cristianos” y obrar contra el seguimiento evangélico a la persona de Jesús.

Es escandaloso sumarse hoy a la búsqueda de una prosperidad depredadora de los recursos vitales y del cuidado del territorio y de su equilibrio ecológico. Lo es también llamarse “cristianos” y sumarse a proyectos políticos contrarios a la verdad y a la restauración de las víctimas de la violencia, a la salida política y acordada de nuestros largos conflictos violentos, y al cumplimiento de los acuerdos para el desarme.

Este mes de octubre 2019, con la campaña política y las elecciones de poderes municipales y departamentales, junto con la llamada del expresidente Uribe ante la Corte Suprema de Justicia, pone a prueba la serenidad y madurez del pueblo colombiano para no dejarse manipular por pasiones y extremismos, sino consolidar una democracia para la paz y para la convivencia entre opiniones y opciones diversas y contrarias.

Sin duda que en la capacidad de analizar y de elegir bien, los ciudadanos cristianos y católicos tendremos que ir más allá de pasiones partidistas y de conveniencias y oportunismos por parte de pastores e Iglesias que se mueven al vaivén de las ofertas de poder, antes que de los valores del Reino de Dios.

“¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga que tiene fe, si no tiene obras?”….”Pues así como el cuerpo sin espíritu está muerto, también la fe sin obras está muerta”, dice el apóstol Santiago (2, 14-26).

La exigencia de “obras de la fe” en este octubre misionero, ambiental, judicial y electoral, se completa con la veneración a Santa María, Nuestra Señora del Rosario, a quien la Iglesia Católica dedica todo el mes con el ejercicio de esta modalidad de oración.

La espiritualidad del Santo Rosario, sitúa al católico ante la verdad ineludible del “hombre Jesús” que nació de María Virgen y marcó con su vida, pasión y muerte, los misterios de gozo, de luz, de dolor y de gloria, en los que nos reveló que Dios es amor y quiere que todos tengamos salvación en su Hijo.

Rezar el Santo Rosario cada día, contemplando estos misterios y recitando palabras tomadas de los evangelios y plegarias de la tradición eclesial mariana, es una pedagogía de oración que une fe y vida, cotidianidad impregnada por la mediación única de Jesús y por la intercesión maternal de María.

Y para sellar esta riqueza de fe con obras, octubre nos trae a los colombianos una figura gigante de la fe, la misión y el testimonio de corte evangélico, tejida con hilos de este telar patrio: Santa Laura Montoya, “la Madre Laura”. El 21 de octubre es, desde 2013, la fiesta anual de la primera Santa colombiana, recordando la fecha de su muerte, “en olor de Santidad”, hace 70 años, en 1949.

Como María, como Santa Laura de Jericó, vivamos esta “vida divina”, “que no es un producto para vender -nosotros no hacemos proselitismo- sino una riqueza para dar, para comunicar, para anunciar. Este es el sentido de la misión”. “Es un mandato que nos toca de cerca: yo soy siempre una misión; tú eres siempre una misión; todo bautizado y bautizada es una misión… para el amor de Dios nadie es inútil e insignificante” (Papa Francisco, Mensaje para la jornada mundial de las misiones 2019).

Vivamos este mes de octubre como una gran oportunidad para dar testimonio y frutos de nuestra fe, que no se quede en mera matrícula religiosa o en alardes demagógicos, que no sirven a Dios sino que se sirven de Él.

 

Por: +Darío de Jesús Monsalve Mejía

Arzobispo de Cali