Espíritu de unidad

Fuente: El País

Naciones sin fronteras, pero con identidad propia por la vía de la palabra y el diálogo de la fe.

Un cuerpo con diversidad de miembros, de dones, de servicios y de funciones, pero con la misteriosa y mística unidad en El Dador, en El Siervo, en El Creador y Autor.

Una respiración colectiva del aliento vital y victorioso que expele Jesús, que “se presentó en medio de ellos”, al atardecer del mismo domingo de resurrección, mostrándoles sus cicatrices, dándoles Espíritu Santo y enviándolos a repartir a manos llenas el perdón de Dios a la humanidad.

Estos cuadros que proclama Pentecostés 2019, muestran al Espíritu Divino como el fuego de la vida y la luz de la verdad; como el aire del respirar de Dios que se nos vuelve el respirar de la fe; como la paz que irrumpe en medio del desasosiego humano; en fin, como el amor que perfecciona a las personas y llena de esperanza a la Tierra entera, renovando su faz.

Vivir hoy la vida humana como experiencia cristiana de Dios es, sin duda, saborear la Gracia de todas las gracias, el Don del Espíritu Santo.

Es un sabor que se vuelve saber, saber de Jesús y del Reino, sabiduría de vida que nos centra en el Amar de Dios y en nuestro amar de criaturas. Es Agua Viva que nos hace prójimos de los sedientos y excluidos, de las víctimas de todo el desamor que hiere a la tierra y a los humanos.

Este sabor, este saber, esta sabiduría y esta participación solidaria, cuidadosa del otro y de lo común, de la casa de todos y de la paz entre todos, irrumpa por doquiera en estos tiempos de paradójicos avances y fuertes turbulencias. ¡Ven Espíritu Santo!