Sacerdotes: contra abusos a menores, seguridad y presencia en las familias

La “pedofilia” es un concepto que se refiere a la atracción sexual por niños y niñas y proviene de dos vocablos griegos: “paidos” (niño) y “philos-philía (afición, atracción, gusto pasional). Y la “pederastia” designa ya la “práctica sexual con niños (as)”, considerada un abuso, un acto criminal que se paga con la cárcel y exige reparación, ya que de él se desprende una conducta antisocial grave, que tiene en la víctima, repercusiones y daños sicológicos, sociales y evolutivos.

Ambas conductas pueden ir asociadas, convirtiéndose en enfermedad o patología, de un lado, y en delito, conectado con abusos, violaciones, asesinatos e incluso otros atentados contra la dignidad e integridad de los menores. Por norma general, todos los pederastas son pedófilos, pero no necesariamente todos los pedófilos tienen porqué ser pederastas.

 

En la determinación de la conducta abusiva, se consideran asuntos de edad, tanto para víctimas como victimarios, de autoridad, poder, engaño, tiempo, lugar, violencia, ascendencia espiritual o moral, más relacionados con el perpetrador de los abusos.

 

Sin pretender ahondar aquí en este terrible mal que hoy estremece más a la sociedad y a instituciones como la Iglesia Católica, sin que aún calculemos su verdadera dimensión, agravada por el concepto mercantil y hasta “turístico” del sexo y por el desencadenamiento moral de los instintos y fuerzas ciegas, quiero referirme a lo que toca con las conductas de miembros institucionales de la Iglesia, clérigos, religiosos y laicos.

 

El grave escándalo y el perverso uso del mismo para fines distintos al de afrontar el mal y ayudar a visibilizar a todas las víctimas, y ayudar a la sociedad e instituciones a superarlo, causa verdaderos estragos en la Iglesia a nivel universal.

Nuestra Arquidiocesis de Cali toma cada vez mayor conciencia de ello. Y nuestro clero católico, seminarios e instituciones eclesiales, luchamos por provocar las denuncias de cualquier caso, atenderlas en la Curia Judicial y Delegación para la Protección de Menores, abrir los procesos canónicos de sanción en el derecho de la Iglesia, de orientar a los afectados a la justicia ordinaria, de acompañar a víctimas y sus familias en todos los aspectos.

 

Procuraremos siempre hacernos presentes ante las comunidades heridas por alguno de estos escándalos, impulsar planes preventivos, para que las personas y los espacios institucionales de la Iglesia sean seguros, protectores, de trato digno y respetuoso, de certeza y confianza de los fieles en los pastores y servidores católicos.

 

En ese sentido, exhorto a todos, absolutamente a todos nuestros sacerdotes, a tomar conciencia y a ampliar su conocimiento de esta problemática eclesial y social, a darle el tratamiento abierto con los fieles, superando el misterio o falso tabú al respecto, y apoyándose en todos los recursos que la Iglesia Católica ha ido implementando para atender, corregir, aplicar la disciplina y, sobre todo, prevenir y acompañar a la población del territorio parroquial en el mejor cuidado de niños y niñas, en la alianza entre hogares Iglesia y escuela para el logro de estos fines.

Enfatizo, sobre todo, el acercamiento de las parejas y esposos a la Iglesia, así como el de padres de familia y mujeres cabeza de hogar, promovido por “el Amor Esponsal” de párrocos y obispos, fieles a la alianza de amor entre Cristo e Iglesia, que ilumina los diversos estados de vida cristiana y apostólica y el estado de COMUNIDAD DE AMOR Y DE SERVICIO a Cristo y a la humanidad, que ha de caracterizar a toda comunidad de fieles.

Esta “pastoral de la familia” es el quicio para reconstruir la confianza del pastor en su propia vocación y celibato o castidad, y de los fieles y la niñez en la madurez y el cuidado que les brinda el Pastor o pastores de su parroquia y de su Iglesia católica.

El ministerio de la Conyugalidad y el Movimiento de Amor Esponsal, que empiezan a volverse una realidad en cada parroquia, podrá ser una gran fuerza para este mutuo acercamiento y tratamiento de la protección a menores.

Que el mes de mayo, iniciado con un Acto Público de Petición de Perdón, que realizará, en acatamiento a una sentencia condenatoria, la Arquidiocesis de Cali, en la parroquia de Nuestra Señora de La Candelaria, barrio Bonilla Aragón, nos sirva a todos para dejarnos guiar por el ejemplo y el cuidado de María y José con el Niño Jesús. Y a ver en la Virgen María y El Rosario de Fátima, el acercamiento a los niños y niñas más vulnerables y pobres, como lo hizo a los menores de diez años en Coba de Iría, a Jacinta y Francisco Marto, ya canonizados, y a Lucia de los Santos, sierva de Dios, apariciones que celebraremos el 13 de Mayo,102 años después.

Empecemos por vigorizar estos “puentes” e impulsemos las obras propuestas: “Niños y Niñas de Fátima” que pretenden sanar a los y las menores vulnerados por abuso, y la FUNDACIÓN “NACER” (niños y niñas abusados, compromiso de educación y rehabilitación), con las que pasaremos de ser una Iglesia acusada, a ser una Iglesia ejemplar y con autoridad moral para ayudar a la sociedad de Cali y de todos nuestros territorios diocesanos, en la superación de este dolor y vergüenza.

El futuro solo es posible para quienes se comprometen a corregir las vergüenzas de su pasado. La verdad y la superación de efectos y causas de los males, son el horizonte que lo hará viable.

 

+Darío de Jesús Monsalve Mejía

Arzobispo de Cali