¡Apersónate de tu existencia!

Cada uno cuenta. Cuenta lo que somos. Cuenta lo que hacemos. Cuentan nuestra realidad y nuestro relato. Cada uno aprenda a contar su vida. Pero también que cuente yo en la vida de otros. Que otros cuenten en mi vida. Que cada uno sea importante para sí y haga sentir a los demás importantes para él.

Pareciera todo tan fácil. Pero no lo es. Nuestro riesgo mayor es desconectarnos de lo que somos, desconectarnos de los demás, de la vida misma, de nuestro origen y destino. Nuestro riesgo más fatal es la alienación: perder de vista la identidad, la intimidad, la responsabilidad. Cosificarnos, volvernos autómatas, fichas de engranaje, títeres de otros. Podemos así llegar a la locura, a la alienación mental, a no ser dueños de sí, de nada, de las palabras y conductas.

Cuaresma, Pascua, Pentecostés: un recorrido anual con Cristo vivo, de su mano, de la mano de la Iglesia, para apersonarme de mi existencia. Un recorrido para rehacer la conciencia, restaurar la libertad, recuperar el horizonte, iniciar el retorno, reencontrar al Padre y al hermano perdidos, saberme humanidad perdonada y dignidad asumida, volverme “criatura nueva”.

Un itinerario que me volverá a la Galilea de mi cotidianidad, al Cenáculo de la eucaristía, a la comunidad de servidores y discípulos, a respirar con el Resucitado y recibir el fuego de su Espíritu. Que me llevará a encontrar la puerta abierta para salir del encierro, del miedo, del pesimismo y de la culpa, para ser Iglesia y vivir la misión, para transformar también mi entorno humano, el mundo.

Será ya, para siempre, el camino del Amor Nupcial y de la espiritualidad esponsal, viviendo en mi corazón la felicidad de Cristo Esposo y de la Iglesia Esposa, de la Humanidad, invitada toda ella, a desposarse con el Dios Amor. Será la vivencia del mundo como “nuestra casa común”, de la eucaristía dominical y la presencia sacramental de Cristo, como la misa que se vuelve la tierra en el cielo y el cielo en la tierra. Es la dicha de los enamorados, de la existencia como romance entre el Amor, que es Dios mismo, y este yo que se deja “sacar” de sí mismo, ponerse en éxodo y alianza, en obediencia y servicio, en solicitud misionera y compasiva.

Te invito a entrar en este recorrido anual. La entrada es el MIÉRCOLES DE CENIZA, 6 de marzo, con el “acuérdate hombre que eres”, y qué eres; con el “conviértete y cree”; con “el Padre que ve en lo secreto” de tu intimidad al orar, ayunar, ofrendar, hacer penitencia…Entonces, Dios, la conciencia recta de mi propio yo, del otro y de su diferencia en mi prójimo, de mi libertad y autocontrol, irán tomando realidad. ¡Apersónate de tu existencia!