Entrevista del diario La Stampa a mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía, arzobispo de Cali

Entrevista concedida a Silvana Pepe para el diario La Stampa

Por: +Darío de Jesús Monsalve Mejía, arzobispo de Cali, Colombia.

 

1. Primero, un comentario suyo sobre lo que está sucediendo en Venezuela ¿Cuál es el papel de la Iglesia?.

Los hechos y noticias suceden muy velozmente. Se presiente que hay una agenda internacional para forzar, desde afuera, un cambio de poder y de sistema en Venezuela. Hay una oposición muy dependiente de esta agenda externa, la cual se intenta posicionar como gobierno alterno. Los resultados pueden ser desastrosos. Confiamos en que la soberanía, la convivenciapacífica y la unidad de esfuerzos ayuden a salir del círculo vicioso, económico y político y que marquen una ruta constructiva. En esa ruta debería estar la Iglesia.2.

 

2.El Papa Francisco está en panamá, desde allí se referirá a Colombia, ¿Cuál cree usted que será su mensaje?

La presencia del Papa Francisco en Panamá alienta la esperanza en las nuevas generaciones del continente. Un grupo de jóvenes acaba de ser brutalmente masacrado en una escuela militar en Bogotá. Colombia afronta la contravía del odio, que insiste en contagiar el corazón del futuro mismo, para regenerar las ideologías del miedo y la fuerza. En ese contexto, la palabra del Papa, la cual recibirá Iván Duque, será providencial.

 

3. El Papa visitó Colombia en el 2017, ¿Qué efectos tuvo su visita en el país?

La visita del Papa Francisco fortaleció el espíritu colectivo del País, con grandes movilizaciones y gestos importantes para lareconciliación nacional. “Dar el primer paso” como Nación hacia las víctimas, “dar el primer paso” como víctimas hacia elperdón, “dar el primer paso” como Iglesia “capaz de ser sacramento de unidad”: mensajes contundentes que alientan la esperanza de paz desde las conciencias.

 

4. ¿Cómo se puede interpretar el bombardeo de la semana pasada en Bogotá que causó más de 20 muertes y que el Papa Francisco también recordó en el Ángelus? ¿Hay un resurgimiento de la violencia? Si es así, ¿cuáles podrían ser las razones?

La Agenda de Paz en Colombia es compleja, incluye realidades dramáticas como la economía de la droga y la corrupción, que son la cultura de “hacer dinero fácil”, por lo que se necesita inclusión social, étnica, territorial y diferencial, todos los actores armados necesitan serias trasformaciones políticas para una democracia de paz. El Acuerdo de La Habana fue un gran comienzo, pero queda el desafío de una paz completa, justa, integral, incluyente. El ELN es ahora, en el contexto colombo-venezolano, un actor y factor de violencias que rayan en terrorismo.

 

5. En el 2018, 172 líderes sociales fueron asesinados, personas importantes e indispensables para la comunidad. ¿Se está viviendo una guerra cada vez más feroz? ¿cuál es la situación?

La oposición política y terrateniente a la devolución de tierras y el pánico a “ser como Venezuela” hicieron una tenaza férrea y cruel, que llevó al asesinato de líderes sociales e involución del proceso. En esas estamos. Si no hay convocatoria y compromiso político, predomina la mentira y vuelve con más fuerza el “caldo de cultivo” para el renacer de todas las violencias. La paz tiene enemigos poderosos y un contexto de provocación política ultraderechista, anclado en la ideología de la seguridad.

 

6. En un país fuertemente religioso en el que la Iglesia está (y ha estado) a menudo en las trincheras contra la violencia, pagando un gran tributo con la muerte de muchos sacerdotes y dos obispos, ¿cómo es la acción de la Iglesia en la sociedad civil?

En los territorios, la Iglesia es espacio humanitario, una “Iglesia Samaritana”, un espacio de diálogo y articulador de procesos. Ante el vacío institucional para el proceso de paz, tenemos el desafío de construir una “Agenda Eclesial de Paz” que mantenga viva la reintegración de excombatientes, la voluntad de salida negociada, los Acuerdos Humanitarios, el soporte de la sociedad civil a la cooperación internacional para la paz. Es un camino riesgoso, en “contravía” del marco gubernamental negativo y la crecida de todas las violencias.

 

7. En las negociaciones de paz con las Farc, los obispos colombianos se han dividido. Hubo quienes se expresaron a favor, quienes se expusieron como ustedes, pero otros, la mayoría, prefirieron el silencio. ¿Cree que si hubiera unanimidad, el plebiscito que rechazó el acuerdo con las FARC habría tenido un resultado diferente? ¿Cuánto contó esta división? ¿Está el episcopado todavía tan dividido?

La unidad del episcopado es su colegialidad y comunión con el Sucesor de Pedro y su solidaridad evangélica con el pueblo colombiano. No estamos exentos de vernos afectados por la controversia y posiciones diversas. Pero la unidad de base, en Provincias eclesiásticas y regiones, se trabaja con esfuerzo. Tenemos muchas expectativas con el ministerio del Papa y su Nuncio Apostólico para sostener esta voluntad en ambas direcciones.

 

8. Usted ha hecho un llamamiento para que todos los ciudadanos colombianos depositen las armas que tienen en su poder, ¿Se hizo eco de su solicitud?

El desarme social es una urgencia en Colombia, como en Estados Unidos. Debería ser una regulación mundial, una conquista de las democracias en el marco de una cultura de solidaridad y de garantías para la vida humana. Mientras se persiga más la dosis personal de marihuana que la posesión de armas por civiles, mientras no se saque a las armas de la cotidianidad y de la vida política, y se establezca su absoluto monopolio en el Estado, los “desarmes” de la subversión y organizaciones ilegales pierden su sentido.

 

9. Colombia ha sido aplastada durante décadas por la violencia y las diferencias sociales entre los que no tienen nada y los que tienen mucho. El final de todo este infierno a veces parecía estar a la mano, pero los gobiernos se sucedieron sin poder cambiar de rumbo. ¿Por qué?

Colombia está siendo descubierta como una tierra prometida para el libre mercado, la minería, la agricultura alimentaria, los recursos hídricos, la biodiversidad, el turismo, la mano de obra joven y hábil. Es una esquina equidistante en el continente entre los dos océanos; y tiene una estabilidad institucional relativamente fuerte. Pero falta que seamos Nación, una ciudadanía con Estado real. Necesitamos la revolución de la paz.

 

10. El Papa Bergoglio tiene puesta la atención en América Latina y los estados latinoamericanos esperan mucho de él. ¿Colombia qué espera?

El Papa Francisco ha trazado un horizonte de acercamiento al evangelio de Jesús, de conversión eclesial hacia el pobre y la periferia, de erradicación del clericalismo y los abusos de poder, de conciencia y de autoridad contra menores, y ha abierto una convocatoria universal a la solidaridad, a la verdad y al cuidado de la casa común. Es una bendición para el mundo en estas encrucijadas planetarias.

 

11. ¿El camino del diálogo, aunque tortuoso, sigue abierto? ¿De qué depende?

Una mesa de diálogos se puede cerrar, como acaba de hacer el gobierno Duque. Pero jamás el diálogo podrá cerrarse, no es un accesorio, es una necesidad vital. Pensemos, por ejemplo, en las poblaciones de los territorios donde actúa la subversión y se disputa tierras, rutas, “impuestos”, secuestros, poder. Los diálogos territoriales, humanitarios, pastorales, los deberemos mantener y consolidar. Y la presión de todos, dentro y fuera del País, para que el proceso iniciado en Colombia no muera, no lo maten las pugnas internas, será clave en los días venideros.