¿PAZ INCONCLUSA O PAZ COMPLETA?

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Homilía en la MISA POR LA PAZ, 24 de Noviembre 2017.

Nos inspira un texto evangélico: Lucas 14,28-32. Pregunta Jesús: “¿Quién de ustedes, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: Este comenzó a edificar y no pudo terminar.  O ¿Qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz”.

El arquitecto que no deja la torre empezada, porque quiere garantizar la vigilancia y seguridad de sus dominios, o el rey que no se lanza a una guerra suicida, sino que, en ambos casos, se sientan a concretar la continuidad de la obra y de la batalla, pueden ser imágenes de lo que pasa hoy en Colombia, un año después de la firma de un Acuerdo de Paz, largamente deliberado, y en riesgo de ser, apresuradamente, “enmarañado” y hecho trizas. Una paz inconclusa, en proceso de implementación, y el anhelo de una paz completa, empezando por la superación de la lucha armada y el desmonte de organizaciones criminales, enmarcan la coyuntura nacional.

 Más que subversión y Gobierno, más que oposición y trabas en el legislativo y en las cortes, el empeño de una paz con verdad, justicia, reparación y no repetición  está en la palabra y las manos del constituyente primario, el pueblo colombiano, sus mayorías que están por despertar, por empezar a actuar y a generar, de abajo hacia arriba, la unidad popular,  la “democracia de la paz”.

Saludo con afecto y gratitud  a quienes han aceptado esta convocatoria a la Iglesia Catedral de Cali, para poner ante Dios y ante Colombia el momento crucial que vive el aún naciente proceso de paz.

La presencia de la Señora Gobernadora, Doctora Dilian Francisca Toro y de la Directora Regional de Víctimas, Doctora Fabiola Perdomo, viuda  del diputado Narváez;  de los Secretarios departamental y municipal para la paz;  de las instituciones militares y de policía;  así como del nutrido grupo de víctimas civiles de la guerra y excombatientes de la subversión, de líderes y servidores de la paz y  de numerosos comunicadores sociales,  hace de este acto, con sus símbolos de luces, vestidos  y banderas blancas, un gesto de paz con reconciliación, de paz con perdón y reencuentro entre los colombianos.  Como arzobispo, acompañado de representantes del clero, los animamos a mantener la voluntad expresada en el Acuerdo, a luchar por involucrar a las mayorías del pueblo en el proceso de paz y por consolidarlo cada día más. “Por la paz, ni un paso atrás”.

Y lo digo, por el riesgo evidente de que el pueblo colombiano vuelva a ser asaltado por quienes quieren dar paso atrás, hacer imposible la aplicación del Acuerdo y de su sistema integral de Justicia para la paz (JEP), mantener su propia impunidad y pagar el costo de una involución hacia la guerra o hacia una barbarie mayor, como ha ocurrido en Centroamérica y en otras latitudes, después de los acuerdos.

Estamos celebrando este primer aniversario, porque el corazón y la razón de la paz es la vida de todos, especialmente de quienes hacen y sufren la guerra, sin poder guarecerse de ella y de sus efectos.  Las cifras, después de un año, son cifras de vidas y valores sociales tangibles, mucho más que las extemporáneas discusiones jurídicas, mediáticas y constitucionalistas que pretenden enmarañar el proceso.

La Eucaristía  nos sitúa siempre ante la persona de Jesucristo, más acá de su Pasión y Muerte en la Cruz, de su sacrificio impuesto por la mentira oficial e impositiva de Caifás, Herodes, o Pilatos: nos sitúa en la vida transformada por la victoria sobre la muerte, sobre el odio y la mentira, sobre la división y discriminación. Jesucristo es “resurrección y vida nueva”. Y en ese horizonte de una mañana de Pascua queremos que se sitúe el pueblo colombiano, después de la sangrienta travesía de violencias y guerras que se cerraban sin verdad ni justicia, sin garantías, y se reabrían con mayor furor y barbarie.

Que el Acuerdo del Teatro Colón hace un año, que el Cese del Fuego y Hostilidades desde Octubre pasado, acordado en Quito, que el desmonte judicial de las BACRIM, mediante acuerdos precisos de entrega colectiva y aspectos sociales, penales y de paz territorial, NO SE DETENGA, NI SEAN ABSORBIDOS POR LA TRAMPA DE MEZQUINDADES POLÍTICAS.

Convocamos a hacer de la simbología de Navidad 2017, con la Noche de las velitas, la simbología de cada vida colombiana, de 49 millones de vidas, representada cada una en una velita encendida, este 7 de diciembre. Que como una vela, la vida de cada uno esté encendida con la luz de la paz y se consuma por sí sola, sin que otro la apague con su violencia o con la guerra. ¡Hagamos  juntos la democracia de la luz, de la vida, de la paz! ¡Dejémonos guiar por la gracia del Perdón que viene de Dios en Cristo Resucitado! Entonces será LA NAVIDAD DE UNA COLOMBIA DE TODOS Y PARA TODOS!