UNA VISITA PARA TODA COLOMBIA

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Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía

Arzobispo de Cali

 

Septiembre de 2017, del 6 al 10, quedará en nuestra historia patria como un alto en nuestro camino, para hacernos anfitriones e interlocutores del Papa Francisco.

La vida cotidiana se centrará en su blanca figura y en sus palabras y gestos, despertándonos al sentido de la esperanza, de la unidad y de la fe.

Lo recibimos los católicos como al Sucesor de Pedro en la Sede de Roma y al Pastor de la Iglesia Universal.

Lo recibe toda Colombia, sin excepción, como al líder mundial de una humanidad abierta a los pobres, comprometida con el cuidado de la creación y la vida, a la altura de la dignidad de todo ser humano, empeñada en la no-violencia como política para la solución de los conflictos.

Su mensaje de paz es universal pero concreto, válido también para nosotros, para iluminar nuestras búsquedas y ayudarnos a salir de nuestras contradicciones.

Cuando el evangelista Mateo nos transmite la lista de los Doce Apóstoles dice: “Los nombres de los doce apóstoles son éstos: PRIMERO Simón, llamado Pedro” (Mt 10,2).

Después de Jesús, Pedro es la figura que más aparece en las páginas del Nuevo Testamento (154 veces). A través de los textos se puede reconstruir toda una historia de vida, de vocación, de acceso a la fe y a la madurez en la misma, de conversión y llanto, de misión y primado, como primer jefe de la naciente comunidad eclesial, como primer testigo del Resucitado y Administrador de la potestad apostólica, como primer Obispo de Roma, que muere crucificado como Jesús.

La tarea de ser “primera piedra” puesta por y sobre la Roca, que es Cristo, para edificar la Iglesia, de recibir las llaves como mayordomo y administrador del Reino del Mesías que llega a ser Rey del mundo sobre el trono de la cruz, de confirmar en la fe a los hermanos y pastorear las ovejas y los corderos, se va dibujando en toda la Escritura.

Bastaría leer las predicaciones en el libro de Los Hechos, o las Cartas de Pedro, para deducir el fruto producido por la gracia en “el Primer Papa”, apelativo que se le dio a sus sucesores , hasta hoy: “Petri Apostoli Potestatem Accipiens” (sigla PAPA: “Quien recibe la potestad del Apóstol Pedro”).

Dispongámonos a recibir a un hombre de fe, a recibirlo también nosotros con actitud de fe.

Es el misterio de Cristo viviente, Resucitado, y el misterio de la Iglesia sobreviviente, en proceso histórico de conversión, con la fuerza inagotable de la resurrección y el poder de la Cruz. Es el misterio del Reino de Dios, en una humanidad plural y, en gran parte, incrédula.

Es el desafío de un Papa como Francisco, muy acogido en el mundo, sobre todo por los sencillos de corazón, pero muy controvertido por los que sienten más la Tradición que al Resucitado; mirado con indiferencia por los poderosos, aunque presienten que su mensaje encarna el futuro posible que la lógica de nuestros sistemas ya hacen imposible; admirado por quienes ven novedad y frescura, bálsamo y sanación, en una vieja Iglesia y en una humanidad herida.

 

¡Bienvenido, Pedro de Hoy!