Comunicado: Los Criminales Enceguecidos

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Aprovecharse de la congregación en los templos para matar sobre seguro a un feligrés y generar terror en las feligresías, es rebosar toda consideración racional y actuar bajo el impulso del mal y del Maligno.

Generar vigilancia comunitaria y policiva, tomando medidas de seguridad para las comunidades cultuales, es un imperativo que la fuerza pública y las autoridades del Estado, en acuerdo con las Iglesias, estamos en mora de implementar en esos horarios de congregación.

Lamentablemente, ni el temor de Dios detiene el absoluto desprecio por la vida humana que hemos dejado enraizar en el alma de vastos sectores de nuestra sociedad colombiana.

Dolorosamente, vivimos aún de espaldas a la crudeza de esta espantosa realidad, desalentando y enredando incluso los intentos de dejación de la violencia que actores armados manifiestan. Pareciera que el país social y político, que mantiene escandalosa seguridad privada y esquemas de protección del Estado, viviera de espaldas y sin interés en superar esta dramática situación, más aún cuando ella golpea, en tantos casos, a líderes de derechos humanos y gestores de paz, provocando la continuidad y agudización de guerras y crímenes, como viene dándose en tantas regiones de Colombia.

Este llamado lo hago como Arzobispo de Cali, luego de vivir este martes 22 de noviembre, a las 7.30 p.m., a pocos metros del altar, una balacera por pistoleros que ubicaron a su víctima dentro del templo, asesinándolo, y poniendo en riesgo la vida de una multitudinaria asamblea litúrgica, que celebraba su fiesta patronal, la de Santa Cecilia, joven martirizada junto a las catacumbas de los cristianos en la antigua Roma.

Acompaño y aliento en la fe y en la fortaleza cristiana a la familia de la víctima, vecinos de la parroquia; a todos los fieles de esa valiente y entusiasta feligresía, que no se dejarán amedrantar por el Maligno, que parece cebarse sobre ellos; y al joven párroco de esa comunidad, el sacerdote Oscar Eduardo Henao, con quienes he vivido y compartido los hechos de dolor que, en los últimos dos años, dejan tres personas asesinadas en el mismo templo, en circunstancias y sitio similares.

A las bandas y personas armadas que tienen asolado el barrio Ciudad Córdoba y otros de la ciudad, los seguimos llamando y seguiremos buscando con ellos, con la sociedad y el Estado, que se abran caminos de desmonte de su práctica violenta, su reeducación y reintegración social, y la prevención de este tipo de barbarie que sustituye a la cultura humana.

El Templo de Santa Cecilia será reabierto hoy, 23 de noviembre, con una hora santa de reparación y la eucaristía, que espero sea signo del repudio a estos hechos y de la fortaleza y vigor de la fe católica que no se le rinde al miedo ni se deja domesticar por el dominio territorial de grupos ilegales armados.

+DARÍO DE JESÚS MONSALVE MEJÍA

Arzobispo de Cali.