VOCACIONES Y COMUNIDADES MISIONERAS.

Mons. Dario de Jesus - Arzobispo de Cali

La relación de Jesús con sus discípulos y apóstoles se inicia con un “ven y sígueme” y se prolonga en un “vayan y anuncien“. Llamado y envío, son el resultado de encontrarse con Jesús, hacerse su discípulo, acoger su palabra, formarse e integrarse a su comunidad-escuela, vivir y permanecer en su amor. La misión será el “estado común de vida” de los discípulos misioneros de Jesús. Vocación, formación y misión son inseparables de la Persona de Jesús, Enviado y Misionero del Padre, y de la comunidad eclesial, comunidad misionera y madre de vocaciones.

El gran reto no es el de las vocaciones mismas, sino el de contar con comunidades misioneras que las gesten, acojan y acompañen en su seno. Sobre todo, que les contagien a las nuevas generaciones ese celo y entusiasmo misionero hacia todos y cada uno, hacia las periferias y la humanidad entera. Porque es ahí, en ese “pasar” de Jesús por los caminos misioneros, en donde se posibilita el encuentro con Él, el contacto con su palabra, la apertura a la oración y a la “experiencia del Espíritu” y del Reino de Dios en la comunidad creyente.

Esto significa que la Persona de Jesús y la Comunidad creyente son UN SOLO CUERPO, el Cuerpo de la Iglesia, cuya alma es el Espíritu y cuyo propósito fundamental es el Reino de Dios que libera y transforma al hombre y su mundo. Percibir a Jesús hoy, percibirlo dentro de la historia de su encarnación, cruz y resurrección, solo es posible si el hombre tiene contacto con EL CUERPO DE CRISTO, no con un fantasma del pasado o una ilusión del futuro. Ni los fantasmas ni las ilusiones tienen cuerpo, ni se pueden tocar, ni ver, ni compartir con ellos desde nuestra humanidad. De ahí lo decisivo de RECUPERAR ESTA CORPOREIDAD de Cristo para la humanidad de nuestros tiempos, para su ingreso al Reino de Dios y a la ciudadanía de los Santos del Cielo, que habitan y transforman la tierra. Tendríamos que ubicarnos mejor en ese Jesús Post-Pascual, el de las “apariciones” directas y sacramentales, eucarísticas y misioneras, tanto de los Evangelios como de Los Hechos.

La clave está en la Eucaristía como núcleo revelador del Jesús Post-Pascual, como fuente y cumbre de la Iglesia y “Sacramento de los misionados-misioneros“, al estilo misionero de Emaús, con ida y regreso a la comunidad (MISA, “messa” en italiano, “missio” en latín). Tenemos que volver a la triple experiencia de la Iglesia como Cuerpo Eucarístico de Cristo: *Cuerpo del resucitado que se nos aparece de modo sacramental y sacramentado, de modo especial en la del Día del Señor, el DOMINGO de la Resurrección, Primer día de la Semana y anticipo del “Domingo sin ocaso“.*Cuerpo Místico de Cristo, que nos pone en comunión con Dios, con la Asamblea del Cielo y entre nosotros en la tierra.

*Cuerpo Social comunitario, misionero, solidario y compasivo, que hace visible a Jesús hoy, que lo hace presente y actuante en la diversidad de miembros, carismas y servicios, estados de vida y espacios alternativos para el mundo. “Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros y no todos los miembros tienen una misma función, así también nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo al quedar unidos a Cristo, y somos miembros los unos de los otros” (Rom 12,4-5) (Lumen Gentium 31).

Todos los miembros de la Iglesia son llamados a la santidad, a la vida fraterna y a la misión, cada uno según su tarea y su estado de vida. En la Iglesia, comunión y comunidad misionera, todos los estados de vida están ordenados los unos a los otros y, juntos, a la extensión del Reino de Dios y crecimiento de la Iglesia. Son distintos modos de vivir vocacionalmente la misma dignidad cristiana. Laicos, Esposos Sacramentales, Ministros Ordenados y Personas consagradas, constituyen los estados de vida de la Iglesia.

Al plantearnos en nuestra Iglesia de Cali la Misión Territorial, como conclusión del Año de la Misericordia e Inicio de La Misión Permanente, del 13 al 20 de noviembre próximo, queremos que este “modelo de Iglesia” Cuerpo Eucarístico de Cristo, del que brota el Pueblo de Dios, esté en embrión pastoral en la
Asamblea de Agentes Pastorales: que recoja ministerios, carismas, estados de vida, generaciones y sectores, comunidades y movimientos, presentes en el territorio de la parroquia.

Es un primer e indispensable paso para impulsar, con esa misión territorial, el contacto misionero entre la feligresía dentro del territorio, dejando la CASACATÓLICA como signo, espacio, contacto y llamado en cada sector.

Este primer paso implicará un proceso de renovación parroquial que ya hemos avistado en SEIS PALABRAS: SERVIDORES, EN ASAMBLEA, CON ESCUELA DISCIPULAR, FORMANDO COMUNIDADES, EN MISIÓN PERMANENTE, PARA UN NUEVO TEJIDO SOCIAL.

Este proceso, centrado en la Eucaristía y en el Día del Señor, deberá conducir la parroquia discipular y solidaria hacia la Asamblea Sinodal de TODOS LOS FELIGRESES en cinco años, cada quinquenio. Será el paso de una parroquia clerical, cultualista y auto-referencial, a una comunidad misionera, laical y servidora de la familia, la evangelización y la reconciliación.

En adelante, atendiendo al equipo de EVANGELIZACIÓN Y LLAMADO A ADOLESCENTES Y JÓVENES (ELLAJ), que reúne la Pastoral Juvenil, Vocacional y Educativa, octubre será el MES MISIONERO Y VOCACIONAL, uniendo los dos enfoques. Formar las parroquias y la Arquidiócesis como COMUNIDAD MISIONERA será el camino para que los pastores, las familias y las comunidades parroquiales promuevan “LA CULTURA DE LA VOCACIÓN” (Pastores DaboVobis, 41). Así superaremos la tradición de la “delegación“, que es algo muy distinto de confiar una tarea a alguien, apoyándola en la corresponsabilidad de muchos.

Que este primer octubre vocacional 2016, lo hagamos con el pensamiento y ejemplo de la primera santa del mes,Santa Teresa de Lisieux: “He encontrado mi sitio, Señor, y este sitio en el corazón de la Iglesia, me lo has dado Tú, Señor, Dios mío“. La intercesión de María y el REZO DEL SANTO ROSARIO en este mes, tradición de la Iglesia que reza por sí misma y por la humanidad entera, haga muy fecunda nuestra labor parroquial y Arquidiocesana por formarnos como Comunidad misionera, con abundantes vocaciones a los estados de vida cristiana.

+Darío De Jesús Monsalve Mejía